“Señor, te pido que me ilumines para escoger bien a mi futuro esposo; y dame tu gracia para formar con él esa familia unida, que tú deseas para nosotros”.
Señor, escucha las palabras que salen de mi corazón. Haz que mi recuerdo le acompañe todo el día y lo defienda de toda acción baja y vulgar. Haz que siempre siga amándome como yo lo amo. Vuelve nuestro amor cada día más fuerte y profundo, sin mentiras ni engaños. Que seamos transparentes el uno para el otro y nunca escondamos cosas inconfesables. Haz que lo llame y me responda, haz que sea puro y bello para mí. Que su recuerdo, en vez de quitarme las ganas de estudiar, sea más bien un estímulo para salir adelante en mi profesión y darle lo mejor de mí misma. Quiero ser para el una mujer auténtica, llena de fuerza y energía para sostenerlo en su debilidad. Y haz que su sonrisa y su alegría, ilumine mi vida y me llene de felicidad. Danos los hijos que tú quieras, Señor, para servirte y amarte por toda la eternidad. Amén.
Señor, tengo deseos de conocerlo. ¿Será acaso ese joven que tanto me ilusiona y al que todavía deseo conocer mejor? ¿O será otro que tú tienes para mí en alguna parte? Preséntamelo cuanto antes. Porque mi corazón está ansioso de poderle ofrecer este amor, que guardo con tanto secreto para él sólo pienso que seremos felices. Tendremos varios hijos. Y yo me sentiré feliz de que llamen “madre”.
Señor, te consagro y te ofrezco desde ahora mi futuro. Por mi hogar, te ofrezco y te consagro a mi futuro esposo y a mis hijos. Señor, recíbenos desde ahora en tu divino Corazón y bendícenos como una familia unida, que quiere ser toda para ti. Gracias, Señor. Dame tu pureza y cuídalo a él para que seamos los dos, el uno para el otro, fuente de alegría y de bendición.
Señor, quiero hablar contigo, porque quiero pedirte por aquel hombre que será mi esposo y el padre de mis hijos. Todavía no lo conozco y me dicen que tengo que esperar para entregarle todo mi amor intacto. Señor, Tú sabes que es difícil esta espera, pero hay algo muy noble dentro de mí que me dice que es posible. Dime, Señor, ¿cómo es él? ¿Qué hace? ¿Dónde está? Déjame que piense en él. Porque, pensando en él me siento más fuerte.
Él estará pensando en mí sin conocerme. Y, si él es puro, yo no tengo derecho a ser impura. Él será el hombre que me hará feliz, el fiel compañero de mi vida. Por eso, a él quiero entregarle un alma pura y un cuerpo sano. Pero ¡cuánto tengo que luchar para conseguirlo! ¡Cuánto tengo que esforzarme todavía para forjar un carácter que no lo haga sufrir! ¡Cuánto debo mejorar por él y para él!
Señor, ¿no es hermoso ser buena, firme y pura por amor a él y a esos hijos, que serán la corona de nuestra existencia?
No me importa que mis amigos se aparten de mí por no seguirles en sus malos caminos. No me importa que tenga que tener a raya a mis pasiones. No me importa lo que digan los demás. Sólo me importa él. Y, por eso, te pido la gracia de serle siempre fiel. Amén.
Y ahora dile a Jesús:
Señor, dame manos tiernas y castas para tocar
y curar las heridas y sufrimientos de mis hermanos.
Dame grandes alas para volar y pies fuertes
para caminar por los caminos de la pureza y de la paz. Dame un corazón grande como el Universo
para que pueda amar de verdad
y sin engaños a los que me rodean.
Y dame tu amor y tu alegría
para alegrar la vida de mis hermanos.
Señor, condúceme de la muerte a la vida,
de la mentira a la verdad.
Llévame de la impureza a la pureza,
de la desesperación a la esperanza,
y de la oscuridad a la luz
para que haya en el mundo un poco más
de luz, de pureza y de alegría. Amén.
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